Tomar el Sol

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Hace unos días retomé la terapia con la psicóloga. Pasaron casi 9 años desde la última vez que fui con ella. Y ahora en tiempo de pandemia y aprovechando la tecnología, la volví a buscar. Inicialmente no fue para mi, sin embargo al platicar un poco con ella, me di cuenta que realmente necesitaba de su ayuda.

Han sido muchos años sin reflexionar y sin tener acompañamiento. Y no sé por qué dejé que pasara tanto tiempo.

Al retomar la conversación y después de un análisis inicial. Su primer recomendación o tarea fue que tenía que salir a tomar el sol. Al menos 20 minutos. En un principio no entendía necesariamente por qué era importante (mas allá del tema de la vitamina y de recuperar un poco de energía).

Pero ayer que salí por cuarto día consecutivo, me cayó el veinte. Tomar el sol es como encender la chispa para reencender mi luz interior. Esa luz que tenía olvidada. Esa luz que se fue apagando poco a poco por querer iluminar o asegurar que la luz de los demás estuviera encendida. Cuando la realidad es que mientras mi luz esté prendida, soy capaz de dar luz a otros. Y no al revés.

Quién diría que el cerillo para reiniciarlo es tan sencillo como sentarse en una banca y voltear al sol.