It Takes an Ocean Not to break

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Photo by Andrzej Kryszpiniuk on Unsplash

Hay días en que podría estar escribiendo todo el día, en el que las palabras fluyen sin ningún problema, con facilidad y de manera espontanea. Otros, en los que no es tán sencillo, y sin embargo termino escribiendo. Y otros en que es casi imposible.

Hoy es uno de esos días. Por más que intento escribir, mi mente está en otro lado, pensando y divagando en uno de mis hijos. En sus decisiones, en la forma en la que está haciendo algunas cosas. Y el cómo está manejando diversas situaciones. Y aunque trato de mantenerme fuerte, duele. Y duele mucho. Pero tengo que soltar. Tengo que dejar que abra sus alas y si es necesario que se de los golpes que se tenga que dar para que entienda muchas cosas.

A estas alturas, solo queda decir que no estoy de acuerdo, pero que le doy mi bendición. Que el viento lo lleve a mejores lugares, que encuentre su espacio y que defina qué quiere hacer. Qué el mundo lo trate bien, que lo cuide y lo aleje de todo mal. Yo aquí lo estaré esperando, y desde bambalinas estaré cuidandolo.

It takes an ocean not to break

The National – Terrible Love

Ese texto de arriba lo escribí hace unos meses, cuando tenía una situación complicada con uno de mis hijos. Pero nunca lo publiqué. Supongo que en el fondo esperaba que las cosas cambiarán. Y así fue. Hoy las cosas han vuelto a la normalidad y creo que (además de esperar) que las cosas con él han mejorado y que entendió su lección.

Pero hoy, para terminar de publicarlo, me gustaría platicar sobre The National. Si, ese grupo de rock. Desde que los conocí en el 2007 aproximadamente, han estado ahí, acompañándome con sus canciones en diversos momentos. En alegrías, en tristezas, en triunfos y en fracasos.

Durante años había soñado con verlos en vivo, y no había podido hacerlo. Hasta este fin pasado que tocaron en Guadalajara. Fue impresionante verlos, y ese día, cuando cantaron “Terrible Love”, no pude evitar derramar una lagrima. Pero no fue de tristeza, fue una tristeza de alegría. Por qué al final de todo me doy cuenta que tengo una vida muy buena. Qué si bien tengo problemas como todos, mi situación no es complicada. Y en ese momento me invadió una gran paz. Y una enorme gratitud.