Hay Días

dias de calma. Días de paz.
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Hay días en que todo fluye. En qué cada cosa que haces parece que acomoda otra y todo se vuelve relativamente sencillo. Puedes avanzar y al final parece que lograste lo que no habías hecho en meses.

Y luego hay días en que todo parece estático. En que no sucede mucho, y quizás por la programación o por cosas que han pasado anteriormente, te sientes hasta raro, como esperando que llegue un golpe que mueva y derrumbe todo. En esos días, lo mejor es observar, y tratar de eliminar todos los pensamientos negativos que puedas tener. Debemos de callar al inconsciente, ese que te está diciendo – “demasiada calma, seguro algo malo pasará.”

Y por último, están los días en que parece que no sale nada, que por más que lo intentes, todo parece en contra. Hasta te sientes cansado, sientes que no avanzas, que todo el mundo está con ganas de perjudicarte.

Invariablemente tendrás de cualquiera de esos días. Pero tu obligación inevitablemente es avanzar. Intentarlo, seguir adelante. No detenerte. No dejar que los triunfos se te suban a la cabeza, y que las derrotas te afecten demasiado.

Recuerda que así es la vida. Y no es lo que pasa, es lo que haces con lo que te pasa lo que determina todo. A darle, que lo que venga, tu eres capaz de lograrlo. Ya lo has hecho y cada vez tienes mayor experiencia. Hoy estás en un lugar mucho más adelante que hace unos años.

Y a una distancia prudencial

Oigo una voz que es familiar

Dice: “¡ven a verme! “

Cuando al fin llego

Ya no esta

Me deja escrito en un portal

“Soy la vida, imbécil”

Septiembre vendrá a buscarme

Y aún no sé la lección

Sobre saber comportarse al nacer

Y en el adiós

Vi decandencia entre la multitud

Y a gente super lánguida llevar su cruz